-A ver, ¡escuche muy bien, señora! Una cosa es que venga aquí y me insulte a mí todo lo que se le dé su regalada gana, porque sus ofensas me importan un bledo; pero otra cosa muy distinta es que se atreva a meterse con mi hijo. Usted no le va a volver a decir "mocoso" a mi bebé en su maldita vida. Ese niño, entre otras muchas cosas, es su sobrino nieto legítimo, ¡le guste a usted o no!
-¡Ese bastardo no es absolutamente nada mío! -escupió Carlota con asco.
-Bueno, si usted lo dice, a mí me ti