Rocío también había sido mi salvación. Ella y yo habíamos tomado la decisión de irnos a vivir juntas a un departamento pequeño. Ella me prometió que me ayudaría a cuidar al bebé en cuanto naciera, y yo le pagaría un sueldo justo; de esa manera, ella sería su niñera oficial cuando a mí me tocara regresar a trabajar a la oficina de Sofía. Todo parecía marchar sobre ruedas.
Pero mi hermosa paz pronto llegaría a su fin.
Un día común y corriente, el teléfono de la oficina sonó como siempre. Estaba