Resultó que no era una ilusión mía, tampoco lo había malentendido, porque mi esposo también me había considerado la persona en esta relación que no debería ser vista públicamente.
Mientras me interrogaba sobre la relación que tenía con Enzo, me hacía esconderme detrás de la puerta para que su amante no me viera…
¡Qué ridículo!
—No es como lo estás pensando —intentó explicarme, sujetando mis hombros.
Instintivamente me eché para atrás, viéndolo aturdida. Aunque no quería llorar, las lágrimas ya