Aunque K había estado al servicio de Enzo durante años, su experiencia le permitía captar algunas de sus intenciones.
Siempre supo que era un hombre implacable, pero no tenía claro hasta qué punto estaba enamorado de la señorita Lamberto.
¿Cuándo dejará de ser sutil y optará por métodos más directos en lugar de seguir con rodeos?
Enzo guardó el frasco de medicina en el bolsillo de su traje y, bajo la mirada inquisitiva de K, se levantó y dijo: —Me voy.
K preguntó: —¿Y ahora qué?
—Tu prioridad ah