El asistente respondió rápidamente: —Sí, en un momento les transmitiré su mensaje.
Cuando el auto se detuvo en la Villa Serena, el propietario de la villa se mostró ostentoso, dejando la puerta principal abierta de par en par.
Sin embargo, en el jardín había varios hombres de negro vigilando.
La ira de Enzo ya no podía ser contenida.
—¡Señor!
—¡Señor!
Al ver a Enzo bajar del auto, los hombres de negro lo saludaron con respeto.
K estaba cómodamente reclinado en el sofá, con las piernas cruzadas