—Mateo…
Al verlo llegar, me sentí aliviada y, con calma, le dije: —Le inyectaron algo a la abuela, pero no sé qué es.
—Vaya—. K fingió sorpresa—. ¿El señor Vargas está tan preocupado por su novia que se atreve a venir solo?
Tal como había dicho, había investigado a todos mis allegados.
Mateo ignoró sus palabras, me soltó y se acercó a él con pasos firmes. Su tono, aunque relajado, ocultaba una ira palpable: —Si estoy aquí, es porque sé que puedo salir sin problemas. Mejor preocúpate por ti mismo