Miré a Enzo: —Gracias por lo de hoy. Tu herida… también fue por salvarme. Si necesitas algo, no dudes en llamarme.
—Está bien —respondió él.
Enzo sonrió suavemente y miró hacia la sala de urgencias: —Ya que el señor Vargas está contigo, me voy. Estaré en la Ciudad de Porcelana durante un tiempo, así que si necesitas algo, contáctame.
—Que el señor Jiménez se recupere pronto.
Mateo, con su mano sobre mi hombro, dijo: —Si ella tiene un problema, yo estoy aquí, así que no va a molestarte.
Enzo leva