Ayer, cuando fui a la casa de Mateo, no mencionó nada sobre estar otra vez con Delia.
Después de aclarar las ideas, Santiago sacudió la cabeza con firmeza: —Es imposible. José, realmente no conoces a Mateo…
…
José ya no quería seguir hablando.
Sabía perfectamente lo que pensaba Mateo.
Alguien que había esperado más de veinte años por una persona sin esperanza no cambiaría de objetivo fácilmente.
Además, Olaia ya estaba en la Ciudad de Porcelana.
Con casi total seguridad, Delia también llegó.
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