Dieguito reaccionó rápidamente, bajó del sofá con agilidad y corrió emocionado hacia la puerta.: —¡Tío...! ¡Gracias!
Era la comida que había pedido.
Tomé el pedido, cerré la puerta y acaricié la cabeza de Dieguito: —¿Extrañas a tu tío?
—Eh... no.
Dieguito sacudió la cabeza: —No extraño a mi tío, solo quiero estar contigo. ¿Puedo dormir contigo esta noche?
—Solo si tu tío está de acuerdo.
Lo llevé al comedor y le dije a Enzo: —Enzo, pedí comida de un restaurante local en la Ciudad de Porcelana. ¡