—¡Sí!
Asentí con firmeza: —¿Regresas ahora a Ciudad Perla?
—Sí, solo me quedo tranquilo sabiendo que estás bien.
—Enzo, no hacía falta...
Él, con una sonrisa relajada, replicó: —¿Desde cuándo es innecesario preocuparse por un amigo?
...
Suspiré aliviada, le sonreí con gratitud y no añadí nada más.
—Si necesitas algo, llámame en cualquier momento.
Tras decir esto, Enzo miró a Emilia: —Señorita, ¿llegaste en coche? ¿Quieres que te lleve a algún sitio?
—Yo...
Emilia, con una sonrisa amable, negó co