Estas dos preguntas eran bastante incisivas.
Sin embargo, Mateo no mostró incomodidad en su rostro. Me hizo un gesto para que me acercara un poco: —Acércate un poco, te lo diré.
Me incliné unos centímetros: —Dime.
El espacio en el coche era reducido, y además del conductor no había nadie más. ¿Para qué tanto misterio?
Mateo se inclinó ligeramente hacia mí, con una sonrisa burlona: —No me gustan las personas que son demasiado torpes.
Me quedé sin palabras.
Me incorporé de golpe y le lancé una mir