Capítulo 304
—Estoy bien.

Me sequé el cabello con la toalla y, una vez que mi cuerpo dejó de estar entumecido, miré a Mateo y le pregunté: —¿Ha pasado algo en internet?

Él respondió: —¿No era tu obra?

—¿Qué?

Le devolví la pregunta, confundida.

Mateo me miró un momento, levantó una ceja y dijo: —Vaya, te sobreestimé.

Luego sacó su celular del bolsillo y me lo tendió: —Mira por ti misma.

—¿La contraseña?

—Tu fecha de nacimiento.

—¿Qué?

Me quedé perpleja un instante.

Él arqueó las cejas: —No te hagas ilusiones,
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