No podía escucharla, pero hablaba tan despacio que pude leer sus labios.
Antes de que pudiera apartar la vista, una figura pasó rápidamente junto a mí.
¡Era Felipe!
Poco después, se oyó un estruendo de algo rompiéndose en la sala, seguido de voces discutiendo a lo lejos.
Escuché mi nombre, el de Marc, y algo sobre rumores en internet.
Finalmente, la voz de Felipe resonó, enfurecida: —¡Ella es caprichosa y tú decides seguirle el juego! ¿De verdad la vas a dejar arrodillada bajo la nieve para que