Capítulo 269
Cuando Isabella llegó a la oficina, su respiración aún era agitada, visiblemente alterada.

Era evidente cuánto le importaba su hija Estrella.

La cuidaba como a su mayor tesoro.

Al ver que su apoyo había llegado, Estrella hizo un puchero, como si estuviera a punto de llorar: —Mamá, me apiadé de ella porque acaba de divorciarse y vine a ayudarla con su negocio, ¡y ella junto con su amiga me insultaron, llamándome perra!

Las cejas de Isabella se fruncieron, y me miró con furia: —¡Delia, no seas tan
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