Ni siquiera me imaginaba que Juan fuera capaz de ser tan sinvergüenza… Fruncí el ceño y le pregunté:
—¿Él sabe la contraseña?
—Yo... Es que tengo miedo de olvidar la contraseña... —me respondió con semblante culpable y arrepentimiento evidente—: La contraseña es la misma que la de la tarjeta de banco de la familia…
Tanto yo como Olaia nos quedamos sin saber qué decir.
Juan era todo un experto en estafar y robar dinero. Una vez que tuviera la tarjeta, seguro que lo primero que haría sería transf