Ella me apretó con mucha fuerza y clavó sus uñas bien cuidadas en mi piel, haciéndome sentir un dolor ardiente.
Cuando Olaia escuchó esas palabras, también se alarmó y cambió de semblante. Intentó acercarse para detenerla, pero Ania se aferró con fuerza a mi muñeca sin soltarme.
Su mirada era casi enloquecida y fría, exclamando:
—¿No me entiendes? ¡Te dije que llamaran a Marc!
—...De acuerdo
Olaia, preocupada por mi embarazo, no se atrevía a tirarme a la fuerza. Con mucha contención, cedió:
—Aho