Me caí bien duro al suelo, y sentía que me dolía todo mi ser: la cabeza, las rodillas, los brazos, ¡hasta el vientre!
Traté de llamar a su nombre, pero lo vi corriendo bien asustado hacia Ania, abrazándola fuerte, que también se cayó. Le gritó muy enojado:
—¡¿Estás loca o qué?!
Aunque se podía percibir su enojo en su voz, en sus ojos solo se veía puro miedo y preocupación. Después sacó su celular con la mano temblando y le marcó a Rodrigo, ordenándolo:
—¡Ven rápido con el coche!
—¡Delia! —exclam