En medio de la atención de emergencia, Mario salió a hablar con Mateo sobre la situación.
—Ya he hecho todo lo que estaba a mi alcance. Ahora depende de Ignacio.
—Sin embargo, Ignacio ha dejado claro que el caso es tratable, pero no es un médico milagroso. Si la paciente continúa cargando con su angustia y no logra liberarse de ella, tampoco podrá salvar al niño.
Mateo apretó los puños, dejando caer los brazos a los lados.
Su expresión estaba tensa, reflejando su preocupación.
Tras unos segundos