C72: Esto es tu culpa.
El silencio que siguió fue punzante. Las lágrimas, que antes se habían detenido en los bordes de los ojos de Alaska, comenzaron a deslizarse por sus mejillas con lentitud, marcando su rostro con la fragilidad de una herida abierta. Tragó saliva con dificultad, intentando mantener algo de dignidad entre tanto dolor.
—Vidal… yo ya cumplí con mi deber al decírtelo. Tenías derecho a saberlo, porque eres el padre. No quería tomar esta decisión sola, ni ocultártelo. Pero quiero que te quede algo muy