Elías frunció el ceño, claramente irritado por la intromisión fuera de turno, y el juez levantó una mano en señal de advertencia.
—Señor Benaroch —pronunció con severidad—, yo no le he autorizado su intervención. En este tribunal, las palabras se conceden. Le ruego que respete el orden procesal.
Vidal se recostó lentamente en su asiento, sin borrar esa expresión autosuficiente, como si el reto del juez no le afectara en lo más mínimo.
—Perdóneme, por favor, su señoría —replicó—. Es que realmen