C58: No te haré las cosas fáciles.
Después de escuchar las palabras de Ámbar, el rostro de Vidal se transformó. La molestia que lo sostenía hasta ese momento comenzó a desvanecerse, y en su lugar apareció una expresión de culpa y vergüenza.
No podía negarlo. Lo que ella había dicho era verdad. Recordaba perfectamente haberle dicho esas palabras a Alaska y lo había hecho con total conciencia. Aquella herida no podía borrarse.
Pensó que quizás Alaska había sido quien se lo contó a Ámbar solo para herirla, para ponerla en su contra