Las palabras de Raymond cayeron sobre Vidal. Por primera vez desde que había comenzado aquel enfrentamiento, la soberbia que siempre lo caracterizaba se desmoronó. Sus ojos parecieron perder ese fulgor desafiante que solía mantener incluso en las discusiones más violentas. Ahora, en su lugar, se extendió una expresión vacía, casi desorientada, como si no encontrara ningún punto de apoyo para sostener aquella fachada que llevaba años construyendo.
Ámbar, a un costado, lo observó con un nudo amar