C183: No dejaré que me manipule.
—Vidal, espera un segundo… Vidal, ¡Vidal! —el hombre no esperó respuesta. La llamada se cortó de forma abrupta. Ámbar miró la pantalla, confirmando que él había colgado sin darle opción alguna de negarse.
Ella dejó escapar un suspiro de fastidio y preocupación, sintiéndose atrapada en una situación que no había buscado y que, aun así, había terminado estallándole en las manos.
Sin perder más tiempo, marcó el número de Raymond. Él se encontraba en su oficina, completamente ajeno a lo que estaba ocurriendo en la mansión. Sin embargo, cuando vio el nombre de Ámbar en la pantalla, no dudó ni un instante.
Para Raymond, cualquier llamada de ella tenía prioridad absoluta antes que cualquier reunión, documento o asunto pendiente. Tomó el teléfono y respondió de inmediato.
—Ámbar, ¿todo está bien? —preguntó.
—Ray… Vidal está aquí —dijo ella, sin rodeos—. Está frente a la mansión.
Raymond se levantó de su silla de golpe, empujándola hacia atrás con un movimiento brusco, visiblemente alterado.
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