C141: Ya no puedo seguir así.
Raymond se quedó paralizado, desprovisto de color, con la mente súbitamente vacía, tan blanca y silenciosa como una hoja sin estrenar. No había imaginado, ni siquiera en el rincón más remoto de sus pensamientos, que Ámbar hubiese presenciado aquel momento.
La revelación lo golpeó con tal fuerza que necesitó varios segundos para recuperar el aliento, para recordar incluso cómo mover los labios. Había tenido la genuina intención de contárselo, de explicarle lo ocurrido en la habitación de Layla, pero el día se había convertido en una sucesión de desencuentros: Ámbar esquivándolo, su actitud hermética, la tensión creciente entre ambos, y luego la aparición inesperada de Vidal, que enturbió aún más el ambiente.
Guardó silencio porque supo que cualquier palabra imprudente podía herirla más. Sin embargo, también comprendió que callar sería aún peor. La miró detenidamente, contemplando el brillo quebrado de las lágrimas en sus mejillas, y sintió una punzada de culpa tan incisiva que le reco