CAPÍTULO 68. UN CARIÑO ESPECIAL
Un fuerte estremecimiento, recorrió la espina dorsal de Carlos Alejandro, aferró sus manos con firmeza a su tembloroso cuerpo.
— ¿Quieres contarme? —pasó saliva con dificultad, se dio cuenta que también temblaban sus manos y su corazón latía agitado.
—Me fuí de tu habitación para no levantar habladurías, dormí un rato, hasta que un joven tocó a la puerta, me entregó una nota que me habían dejado, en dónde me decían que mi papá se había puesto grave y quería verme. Tenía un domicilio. Era tanto