CAPÍTULO 67. ¡SABE QUIÉN SOY!
Caminaron por el vestíbulo del asilo, las paredes estaban recubiertas por pintura vieja y amarillenta, además que no había baldosas, el lugar tenía concreto en el suelo. Briana se sujetó al brazo de Carlos Alejandro, el sitio era deprimente, las pequeñas ventanas no filtraban la suficiente iluminación.
—Este lugar es horrible —murmuró bajito.
—Lo sé —Carlos Alejandro contestó intentando ocultar su cara de horror al llegar a la recepción—. Venimos a visitar al señor Agustín Escudero.
La sonrisa