CAPÍTULO 23. OTRA MUJER
— ¡Rosa Lilia! —gritó asustado, sujetándola con fuerza, para evitar que se diera un fuerte golpe en la cabeza. Con cuidado la acomodó sobre uno de los mullidos sillones. Colocó dos de sus dedos sobre su cuello e inclinó su rostro hacia su nariz para averiguar que estuviera respirando.
«Sí, sí acércate más», Rosa Lilia pensó para sí misma, fingiendo aquel desmayo. Su aroma varonil, la provocaba a querer más. «Necesito respiración de boca a boca», se dijo a sí misma. «Vamos, no seas tímido».
Al v