Rosas.

Eventualmente llegaron a la cafetería y Lucía dio gracias al cielo cuando sintió que los nervios retrocedían poco a poco. Pensó que se debía a que ya no tenía el brazo del hombre alrededor de sus hombros ni sentía el calor que él emanaba.

Eligieron una de las mesas de afuera y pronto fueron atendidos por un sonriente, joven y guapo camarero. El CEO optó por un expresso doble y ella por un cappuccino. Se sentía mucho más relajada ahora que había una distancia prudente entre ellos.

—Tu actuación
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