Estructurada existencia.
Logan era un hombre centrado, con una mente estratega y un…
—Te lo merecías… —titubeó ella, dejando al descubierto sus ojos llorosos—. Dios, te merecías esa cachetada. Y no… No me disculparé. No pienso hacerlo, no lo haré.
Inhaló y exhaló profundo, sintiendo cómo toda esa bola de ira y enojo se esfumaba de su sistema, liberándolo de aquella oscuridad que por poco se adueña de sí. Porque Logan Parisi podía ser cualquier cosa, pero no era…
—No soy un monstruo, Lucía —imperó, acercándose a ella—.