Eres libre.
Estaba segura de que algo se había arrastrado hasta su boca y había muerto allí. El sabor amargo y el olor a rancio de su aliento mañanero le provocó náuseas, por no mencionar que cuando se levantó de la cama, una fuerte punzada le atravesó la cabeza… Corrió al cuarto de baño, cerró apenas la puerta y cayó de rodillas frente al retrete. Dios, era un desastre y era malo, muy malo. Cuando se percató de que nada más saldría de su boca, se puso de pie y otra punzada sintió en la cabeza. El dolor er