CAPÍTULO 14. Una mujer que vale la pena
Leo se quedó mudo justo en la puerta, sin atreverse a entrar ni atreverse a irse, pero Angélica respiró profundo y se dijo que ella no era una persona tan mal educada como para no escuchar a alguien que quería hablarle. Dio dos pasos hacia atrás, dándole espacio para que entrara al departamento y se revolvió el cabello con las manos sin molestarse en arreglarse más.
Él se metió las manos en los bolsillos y entró con cierto nerviosismo.
—¿Gianni? —preguntó mirando a la habitación del chico.
—S