Iré por tí. II
Ansioso por tenerla, esperé a que cayera la oscuridad de la noche antes de internarme en el bosque como atajo de resguardo para llegar al pueblo. Bajo la luz de la luna llena, todo resultaba más sencillo; bastaba con dejar que la bestia tomara el mando y siguiera aquel rastro que parecía grabado en mis sentidos.
Lo único que tardó fue su presencia.
Cuando finalmente llegué hasta la ventana de su habitación, ya había recuperado mi forma humana. Empezaba a forzar la ventana con cuidado, procuran