La vecina chismosa.
POV; Carmelina
Tal como mi madre prometió, cerramos la caseta cuando el sol empezó a apagarse.
De regreso a casa, condujo su camioneta muy despacio. En cada esquina se detenía para saludar a una que otra hermana de la iglesia que aparecía en el camino; igual ellas le devolvían el saludo.
Mi madre era muy querida en el pueblo. Algunos se referían a ella como la segunda santa del pueblo; la primera era doña Filomena, la esposa del alcalde panzón que pretendía a mi tía Morgana. La misma que decía