Algunas de las Lunas gritan, otras gruñen, listas para transformarse cuando el asesino de repente sopla una sustancia pulverulenta en el aire y se asfixian con ella, agarrándose la garganta y gritando de dolor, incapaces de transformarse en forma de lobo.
El miedo de Leila se triplica al ser la única que no se ve afectada por lo que sea que sopla en el aire, sea lo que sea, parece estar afectando a sus lobas.
Ella dirige su mirada hacia Carmela y esta se encuentra sentada en el suelo sin ser a