"¿Es esto realmente necesario, mamá? Creo que no quiero hacer esto", refunfuña Leila.
Sale por la puerta principal, aferrando su chaqueta de piel con ambas manos contra el cuello, sin ver nada más que pequeños rayos de luz en la niebla brumosa.
"Fuiste tú quien envió a mi hijo a una misión absurda. Si él estuviera aquí, te cargaría durante la caminata, pero no voy a romper la tradición y poner en peligro a mi nieto por eso", responde secamente Adaline.
A Leila no le pasa desapercibida el su