Carmela no sabe qué pasó a continuación, pero sus ojos se abren de par en par ante la agobiante presión que se ejerce sobre ella y aprieta los dientes, luchando con todas sus fuerzas por resistirse a la orden en la voz de Leila.
Leila no tiene a su lobo, pero su propio loba se agita en su cabeza, incapaz de resistir la presión de someterse a la autoridad de Leila.
Es este el tipo de poder que... No, es imposible, no sin su lobo, pero ¿por qué no puede contenerse?
Se deja vencer al sentir que