Hoy es un gran día para Leila, el día en que finalmente se muda a su propio apartamento. Ella ha estado viviendo con Amanda, y ha sido nada menos que liberador.
En serio, ¿cuándo fue la última vez que se despertó durante días consecutivos sin ninguna agitación en el pecho, sin sentir que la ahogaban o la pisoteaban?
Sin andar con cuidado por su propia casa, como si estuviera cargada de trampas explosivas, listas para hundirla en el naufragio emocional.
Aquí no hay un Tatum y una Carmela