Carmela está de pie en la puerta, con un vestido azul de manga larga ceñido a la cintura, que resalta sus curvas al ceñir su cuerpo hacia abajo.
Su maquillaje es regio, y sus muñecas y cuello están adornados con pesadas perlas, a juego con el bolso blanco que lleva en los brazos y los tacones blancos de sus pies.
Dos omegas entran en la casa con ella, una con una cesta en la mano y la otra con la cabeza gacha, dispuesta a hacer cualquier encargo que Carmela necesite.
Cuando la puerta se