"No, no lo está", le gruñe Leila, con el corazón ardiendo de rabia y los ojos llenos de venganza. "Sea lo que sea lo que le has hecho, deshazlo, ¡ahora!".
"¿Le he hecho? He dicho que Tatum está muerto mujer, no se le puede hacer nada a un muerto. Éste de aquí es solo mi fiel perro guardián", Leo chasquea los dedos dos veces y el hombre camina a su lado, silencioso y sumiso.
El corazón de Leila hierve con una ira ferviente. Sabe en el fondo de su corazón que se trata de su esposo, el hombre al