"¡Otra vez!", grita Trent a los guerreros que entrenan con Tatum y que éste acaba de tirar al suelo.
Tatum está arrodillado, una rodilla en el suelo, la otra doblada con los codos apoyados en ella mientras jadea exhausto.
Su cuerpo sin camisa está chorreando sudor, mezclado con su sangre que brota de las marcas de los látigos en su espalda y en el costado de su torso.
"¡¿A qué esperas?!", grita Trent, azotando el látigo y asestando la espalda de Tatum. "¿Crees que ese rebelde, Leo Alfa, te da