“¿Qué quieres decir con ‘me tienen que registrar’? ¿Has olvidado con quién estás hablando?”. Carmela miró con desprecio al guardia de la prisión donde se encontraba su padre.
El hombre permaneció estoico frente a ella, con la mirada firme y al frente, con las piernas separadas a la anchura de los hombros y las manos cruzadas a la espalda.
“Eres la hija de un hombre acusado de asesinato y si quieres ir a verlo, debemos asegurarnos de que no lleves nada importante encima”, respondió él con sever