Tatiana mantuvo la cabeza baja. “No me atrevo a desviarme de tu causa hermano. Nunca podría perderme. Permanezco fiel a tus propósitos”.
Antonio se burló.
“Lárgate”, ordenó él a la mujer en la cama y ella se apresuró a recoger su ropa, saliendo de la habitación más rápido de lo que sus piernas podían llevarla.
Antonio caminó lentamente hacia Tatiana y, mientras lo hacía, su cuerpo desnudo se fue cubriendo poco a poco con ropas que crecían de su piel y, para cuando llegó hasta ella, él estaba