"He dejado a Amara en la cama, ¿necesitas algo antes de que me retire?", le pregunta Kelvin a Leila esa misma noche mientras juguetea con el portátil en su habitación.
Leila se vuelve hacia él con una mirada sombría.
Desde que arrojó aquel papel del coche, lo único que siente es rabia, han pasado cinco largos años pero su ira sigue siendo tan palpable como el día que rechazó a Tatum y saltó por aquel acantilado.
Lo odia, los odia a los dos y no les desea nada bueno en su supuesto matrimonio.