Los ojos de Tatum estaban llenos de pasión, deseo y lujuria. Exactamente de la misma forma en que él la miraba siempre que hacía sus promesas. Sostuvo el rostro de Carmela, sonriéndole dulcemente mientras sus ojos brillaban.
“Siento no haberme casado contigo en cuanto volviste. Solo quería estar seguro, pero ahora lo estoy y tú eres a quien elijo”.
El dolor atravesó el corazón de Leila de un lado a otro y apoyó su cabeza contra la barra de acero.
‘Nunca te dejaré ir’.
Recordó la promesa que