ELAINE
Después de cambiarme a algo más decente —unos joggers holgados y una sudadera con capucha—, me reuní con ellos en la sala, esperando encontrar a los niños con las manos llenas de galletas y a Duncan hojeando sus dibujos. En cambio, me detuve en la entrada, sorprendida.
Duncan estaba parado frente a mi bote de basura con la tapa entreabierta. Algunos tallos de flores asomaban, aplastados y marchitos, con los pétalos comenzando a oscurecerse en los bordes. La última caja de chocolates estab