Suegra
SOPHIE
Permanecimos allí el tiempo suficiente para que su presencia resultara paralizante. No podía mover la mano que quería abrir completamente la puerta y finalmente liberar a Elaine.
No podía mover las piernas que deseaban salir corriendo de allí con Elaine. Ni siquiera los labios que querían destrozar a su madrastra con palabras que resonarían en sus oídos por siglos, se movían.
Las luces del pasillo estaban tenues, pero aún podía ver la pesadez en sus ojos. Verdaderamente había esta