Reflejos rotos
La casa estaba en silencio, salvo por el leve murmullo de la lluvia que golpeaba contra los cristales. Afuera, la noche se extendía oscura, como un manto sin fin, pero dentro de mí la oscuridad era aún más profunda.
Me senté en el borde de la cama, las manos temblorosas sosteniendo la vieja libreta que llevaba conmigo desde siempre. Sus páginas, amarillentas y gastadas, guardaban secretos que apenas comenzaba a entender. Cada palabra escrita parecía un eco del pasado que me nega