Ecos en la sangre
León
Desperté sobresaltado, con el pulso acelerado y un latido sordo en mis oídos. La oscuridad de mi habitación me oprimía el pecho, como si algo me mirara desde cada sombra.
Había soñado con ella otra vez.
Esa niña de ojos negros, vestida de blanco, llamándome con esa voz rota que siempre me despertaba al borde de un grito.
> “Ayúdala… o se perderá…”
Miré mis manos. Sangre.
Parpadeé, y no había nada. Solo mis dedos temblorosos, marcados por las cicatrices viejas que cubrían