Ecos del pasado
El amanecer se colaba tímidamente por la ventana, tiñendo la habitación con un tono grisáceo que apenas lograba disipar la pesadez de la noche. Ana estaba despierta, sentada al borde de la cama, con las manos entrelazadas sobre las rodillas. Su cabello enredado caía sobre su rostro, ocultando parcialmente la tensión de sus ojos mientras su respiración temblorosa rompía el silencio de la habitación.
Me acerqué con cautela y me senté a su lado. El silencio entre nosotros era denso