Capítulo 28

No podía dormir. La sensación de inquietud que me había acompañado desde que entré al imperio de Roman se había vuelto un peso insoportable sobre mi pecho. Había aprendido a no confiar en las apariencias, a leer los silencios, a escuchar los susurros detrás de las paredes. Esa noche, me senté frente a mi escritorio, rodeada de archivos y papeles que Callum me había enviado discretamente.

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